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La última milla de la poliomielitis comienza con una acción mundial en favor del agua

Una gota de agua

El agua limpia puede prevenir las enfermedades antes de que aparezcan. Un saneamiento seguro puede romper las cadenas de transmisión. La última milla de la poliomielitis comienza con una acción mundial en favor del agua.

Por S.E. Abdulla Balalaa, ministro adjunto de Asuntos Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos para Energía y Sostenibilidad

Durante décadas, el esfuerzo mundial por erradicar la poliomielitis ha sido uno de los mayores éxitos de la salud pública. Desde 1988, los casos de poliovirus salvaje se han reducido en más del 99 %. La vacunación, la vigilancia y la labor de sensibilización comunitaria han transformado lo que en su día fue una amenaza mundial en una enfermedad cuya erradicación está ahora a nuestro alcance.

Sin embargo, como sabe cualquiera que haya corrido alguna vez un maratón, la última milla suele ser la más difícil, tanto física como mentalmente. Correr hacia la meta exige resiliencia, tenacidad y una confianza inquebrantable en uno mismo. Ese es el tipo de concentración y dedicación que debemos mantener ahora que la carrera para erradicar la poliomielitis entra en su recta final.

Mientras trabajamos juntos para culminar la tarea, también debemos mirar más allá de la propia vacuna, hacia los sistemas que pueden facilitar involuntariamente la transmisión – y uno de esos sistemas fundamentales es el agua.

La poliomielitis puede propagarse a través del agua y los alimentos contaminados, lo que convierte el agua potable y el saneamiento en un elemento importante para prevenir la transmisión. Para que los avances sean permanentes, debemos reducir las condiciones en las que el virus puede circular.

No se trata de elegir entre las vacunas y el agua; se trata, más bien, de entender que la salud y el agua forman parte de la misma ecuación. La prevención de enfermedades comienza mucho antes de que un niño enferme y acuda a una clínica – comienza con el agua que llega al hogar y con los sistemas que evacuan las aguas residuales.

Hoy en día, 2100 millones de personas siguen sin tener acceso a agua potable gestionada de forma segura y 3400 millones carecen de servicios de saneamiento gestionados de forma segura. Más alarmante aún, 1700 millones de personas siguen dependiendo de fuentes de agua potable contaminadas con heces, y la Organización Mundial de la Salud estima que las deficiencias en materia de agua, saneamiento e higiene (WASH) contribuyen cada año a al menos 1,4 millones de muertes evitables.

Aunque estas cifras son abrumadoras, detrás de cada estadística hay algo mucho más desgarrador: un niño que no debería enfermar por el agua que bebe.

Es también aquí donde el agua ofrece una de las mayores oportunidades para reforzar la salud mundial.

Tradicionalmente hemos concebido la infraestructura hídrica como algo que presta un servicio básico. Cada vez más, debemos considerarla una infraestructura de salud preventiva.

El agua limpia puede prevenir las enfermedades antes de que aparezcan. Un saneamiento seguro puede romper las cadenas de transmisión. Los sistemas de aguas residuales pueden indicarnos dónde circulan los patógenos. Al estudiar tanto la presencia como el volumen de patógenos en las aguas residuales, podemos seguir más de cerca la propagación de diversas enfermedades. Las tecnologías digitales y la IA también nos ayudan a detectar los riesgos antes y a vigilar en tiempo real cualquier aumento de las concentraciones. En conjunto, todos estos mecanismos están permitiendo a los gobiernos pasar de responder a los brotes a anticiparse a ellos.

En definitiva, el agua puede convertirse en uno de los sistemas de alerta temprana y prevención de enfermedades más potentes del mundo.

Los Emiratos Árabes Unidos han comprobado el poder de este enfoque a través de sus propios compromisos con la última milla. Durante muchos años, los Emiratos Árabes Unidos y Su Alteza el jeque Mohamed bin Zayed Al Nahyan han colaborado con la Fundación Gates y con socios internacionales para acelerar la erradicación de la poliomielitis, así como la eliminación de las enfermedades tropicales desatendidas. Por ejemplo, el fondo Reaching the Last Mile, creado por los Emiratos Árabes Unidos y la Fundación Gates, trabaja actualmente en decenas de países para acelerar la eliminación de enfermedades que afectan de manera desproporcionada a las personas que viven en la pobreza.

Junto con nuestros socios, compartimos el objetivo de llegar a algunas de las comunidades más desatendidas del mundo, en particular a los niños que viven en zonas donde la geografía o la inseguridad pueden dificultar enormemente el acceso a la atención sanitaria. El compromiso de los Emiratos Árabes Unidos nunca se ha limitado a suministrar vacunas – siempre ha consistido en llegar al niño que, de otro modo, podría quedar excluido.

Esta es también la filosofía de Reaching the Last Mile: si las comunidades más difíciles de alcanzar son las que corren mayor riesgo, no pueden ser las últimas a las que atendamos.

La última milla no es solo donde el trabajo resulta más arduo – es donde la inversión puede cambiar más vidas.

Ese mismo razonamiento debería aplicarse igualmente al agua, porque las oportunidades que ofrece son enormes.

¿Y si las redes de aguas residuales pudieran detectar un patógeno antes de que un médico vea a un paciente? ¿Y si la IA pudiera identificar un riesgo emergente para la salud pública y dar a las comunidades la oportunidad de actuar antes? Imaginemos comunidades que acceden al agua potable y al saneamiento y, al mismo tiempo, refuerzan su resiliencia frente a las enfermedades infecciosas.

Gran parte de esto ya está en marcha. La vigilancia de las aguas residuales se ha convertido en una herramienta importante en la lucha contra la poliomielitis, ya que el virus puede detectarse en las aguas residuales incluso cuando no se notifican casos de parálisis.

En Abu Dabi, la vigilancia de las aguas residuales basada en IA funciona como un sistema de detección temprana capaz de identificar posibles riesgos para la salud pública y orientar intervenciones más tempranas. En 2025, la Comisión Europea presentó el Panel Europeo de Vigilancia de Aguas Residuales, una herramienta concebida para seguir la propagación de enfermedades infecciosas en Europa mediante el seguimiento y el análisis de las aguas residuales.

Este es el futuro que deberíamos construir: sistemas hídricos que hagan algo más que transportar agua. Sistemas hídricos que nos ayuden a ver, predecir y prevenir las enfermedades.

La misma infraestructura que protege a las comunidades frente al poliovirus puede ayudar a combatir otras enfermedades transmitidas por el agua. Los mismos sistemas de aguas residuales que detectan un patógeno pueden ayudar potencialmente a identificar otros. Las mismas inversiones en saneamiento que mejoran la salud pública pueden reforzar la resiliencia climática, apoyar el desarrollo económico y mejorar la calidad de vida.

Por eso, el agua ya no debe verse solo desde la perspectiva de la escasez. De hecho, el agua es una oportunidad: una oportunidad para salvar vidas, fortalecer las economías y construir comunidades más sanas y resilientes.

Además, es necesario hacer más para salvar la brecha entre las políticas de salud y las de agua. Con demasiada frecuencia, estos sectores funcionan de forma independiente pese a perseguir muchos de los mismos resultados. Necesitamos una mayor colaboración, inversiones más integradas y un entendimiento compartido de que el progreso en un ámbito depende a menudo del progreso en el otro.

Este es el espíritu que inspira la próxima Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua de 2026. La Conferencia, que se celebrará en Abu Dabi, reunirá al mundo para acelerar la acción en torno al Objetivo de Desarrollo Sostenible 6 – garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos.

Y nuestra ambición va más allá de acelerar el acceso – imaginamos un nuevo mundo de posibilidades en torno al agua. Esto debe sustentarse en un reconocimiento compartido del agua como el hilo conductor esencial que lo conecta todo y a todos, desde la prevención de enfermedades hasta los sistemas de salud pública. Se trata de impulsar un nuevo futuro y de liberar el valor de los sistemas hídricos del mundo mediante la innovación, la colaboración y la financiación de infraestructuras hídricas.

Para lograrlo, los gobiernos, las entidades filantrópicas, las instituciones de desarrollo y el sector privado deben trabajar juntos para llevar soluciones vitales a las comunidades que más las necesitan.

Las colaboraciones mundiales en la última milla de la poliomielitis nos dan motivos para creer que el progreso es posible. Deberíamos aplicar la misma determinación a los sistemas que hacen sostenible ese progreso. Ahora tenemos la oportunidad de aplicar esa mentalidad al agua, porque el futuro del agua no consiste solo en asegurar un recurso; se trata de proteger a las personas.

Y si lo hacemos bien, el agua que mañana fluya por una comunidad hará algo más que mantener sana a su población.

Nos ayudará a saber cuándo corren peligro, a actuar antes de que enfermen y a dar a la próxima generación algo que nunca debería haber estado fuera de su alcance: la oportunidad de crecer sanos, seguros y libres de enfermedades evitables.