Saltar al contenido principal

Cada decisión energética es una decisión sobre el agua

Una ciudad de noche, reflejada en el agua

La seguridad hídrica es el eslabón perdido de la transformación energética y exige una planificación y una inversión más integradas, sostiene Abdulla Balalaa, de los Emiratos Árabes Unidos.

Por S.E. Abdulla Balalaa, Abu Dabi

El futuro energético del mundo se está configurando a partir de decisiones de inversión que, con demasiada frecuencia, pasan por alto una de las limitaciones más fundamentales: el agua. Desde la electrificación de la industria y la expansión de las energías renovables hasta la extracción de minerales críticos y la construcción de los centros de datos en los que se apoya la inteligencia artificial, la transformación energética tiene una huella hídrica que no figura en la ecuación de inversión. Si pasamos por alto el agua, corremos el riesgo de construir los sistemas energéticos del mañana sobre una base frágil.

La conexión entre el agua y la energía

El agua no es una nota al pie de la seguridad energética. Es una de sus condiciones fundamentales. Cada decisión energética es una decisión sobre el agua. Durante demasiado tiempo, la seguridad energética se ha medido en términos de suministro, asequibilidad y fiabilidad. Cada uno de estos factores importa, pero ninguno puede garantizarse si el agua de la que dependen los sistemas energéticos está sometida a presión.

Las centrales eléctricas necesitan agua para su refrigeración. La producción de combustibles y el procesamiento de minerales dependen de ella. También muchas de las tecnologías que impulsan la electrificación. A medida que crecen las poblaciones, cambian las industrias y se amplía la infraestructura digital, estas demandas no harán sino intensificarse. Nuestro informe publicado recientemente Crosscurrents: Navigating the AI-Water-Energy Nexus («Corrientes cruzadas: navegar el nexo entre la IA, el agua y la energía») pone de relieve la magnitud del desafío y prevé que el consumo mundial de agua de los centros de datos aumentará de 4,5 billones de litros en 2025 a 9,32 billones de litros en 2030.

No podemos construir sistemas energéticos resilientes pasando por alto un recurso esencial para su funcionamiento. Un proyecto energético puede ser técnicamente avanzado y financieramente sólido, pero si su suministro de agua es vulnerable, también lo es la inversión.

Esto es un riesgo. Pero también es una oportunidad. La transición energética está transformando la manera en que interactúan los sistemas hídricos y energéticos. A medida que los países invierten en energías renovables, electrificación, hidrógeno, inteligencia artificial y nueva capacidad industrial, las decisiones sobre infraestructura energética determinarán cada vez más la demanda, la disponibilidad y la resiliencia futuras del agua. Sin embargo, con demasiada frecuencia estos sistemas se siguen planificando por separado.

Convertir las limitaciones en oportunidades

Un enfoque más integrado puede generar beneficios en todos los sectores. Las energías renovables favorecen una producción de agua con menos emisiones de carbono, incluida la desalinización. La refrigeración eficiente en el uso del agua, la reutilización de aguas residuales y unos procesos industriales más inteligentes reducen la presión sobre unos recursos de agua dulce escasos. Las tecnologías digitales y la IA ayudan a los operadores a optimizar el uso tanto de la energía como del agua, mejorando al mismo tiempo la eficiencia y la resiliencia.

Los Emiratos Árabes Unidos saben lo que significa convertir la seguridad hídrica en una prioridad estratégica. En nuestro clima, garantizar el agua siempre ha exigido inversión sostenida, innovación y planificación a largo plazo. La Estrategia de Seguridad Hídrica 2036 de los Emiratos Árabes Unidos tiene como objetivo reducir la demanda de agua en un 21 % y reutilizar el 95 % del agua tratada (Estrategia de Seguridad Hídrica de los Emiratos Árabes Unidos), con el respaldo de una red de unas 70 plantas desalinizadoras que contribuyen a suministrar más del 90 % del agua potable procedente de la desalinización en la región del Golfo.

La desalinización alimentada con energías renovables puede vincular la electricidad limpia con la seguridad hídrica. El tratamiento y la reutilización de las aguas residuales pueden crear fuentes alternativas de suministro para uso industrial y reducir la presión sobre los recursos de agua dulce. Estos enfoques muestran cómo las limitaciones pueden convertirse en catalizadores de la innovación y en oportunidades de inversión.

Replantear la inversión en infraestructura

La tecnología por sí sola no cerrará la brecha. Debemos cambiar la forma en que planificamos, evaluamos y financiamos la infraestructura energética.

El agua y la energía están profundamente interconectadas; sin embargo, a menudo se planifican, regulan y financian en compartimentos estancos. Esa desconexión tiene un coste.

La disponibilidad de agua y la exposición climática deberían evaluarse al inicio de los proyectos energéticos, y no después de que se hayan tomado las decisiones importantes. Los inversores necesitan una visión más clara de los riesgos relacionados con el agua y de la resiliencia de los activos que financian. Los gobiernos deben armonizar sus estrategias hídricas y energéticas y crear las condiciones para que una infraestructura eficiente y respetuosa con los recursos pueda ampliarse a gran escala.

Para las instituciones financieras, se trata a la vez de un imperativo de gestión de riesgos y de una oportunidad de inversión. Incorporar las consideraciones relativas al agua en la financiación energética puede sacar a la luz antes las vulnerabilidades, reforzar los proyectos a lo largo de su vida útil y ayudar a orientar el capital hacia soluciones que den resultados en ambos sistemas. La magnitud de la oportunidad es considerable: los países en desarrollo destinan actualmente unos 164 600 millones de dólares al año al agua, pero afrontan un déficit anual de entre 131 400 y 140 800 millones de dólares para cumplir los objetivos mundiales en materia de agua y saneamiento, y el capital privado sigue aportando menos del 2 % de ese gasto, según el informe del Banco Mundial Funding a Water-Secure Future.

Lo que está en juego no hará sino aumentar a medida que la inteligencia artificial (IA), la fabricación avanzada y la electrificación transformen la demanda mundial. Las decisiones sobre infraestructura que se tomen hoy fijarán patrones de uso de los recursos durante décadas. Tenemos la oportunidad de resolver bien esa ecuación, o de incorporar riesgos evitables que resultará más costoso abordar más adelante.

Del reconocimiento a la acción

Del 8 al 10 de diciembre, los Emiratos Árabes Unidos y Senegal acogerán conjuntamente en Abu Dabi la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua de 2026, que reunirá a la comunidad internacional para acelerar los avances en materia de seguridad hídrica y del Objetivo de Desarrollo Sostenible 6. La conferencia es una oportunidad para convertir el reconocimiento en acción, reforzar la cooperación y movilizar inversiones en favor de soluciones prácticas.

La prueba está en si trasladamos ese planteamiento a las decisiones que configuran nuestras economías: qué construimos, dónde invertimos y cómo medimos la resiliencia.

Cada decisión energética es una decisión sobre el agua. Los gobiernos deben planificar en consecuencia. Los inversores deben poner precio al riesgo, y las empresas deben diseñar en función de los recursos de los que dependen sus operaciones.

El futuro energético estará determinado por las decisiones que tomemos ahora. El agua debe formar parte de cada una de ellas.

S.E. Abdulla Balalaa es ministro adjunto de Asuntos Exteriores para Energía y Sostenibilidad en el Ministerio de Asuntos Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos. Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor.